Un día atrás por arte de la casualidad o simplemente sin razón alguna, sentía más lejana que nunca aquella cajita roja; sí, la misma. Era como si la hubieran tomado y poco a poco, progresivamente, hayan sacado parte de su envoltura. Fue una suerte de ritual, uno cuidadoso pero rebosante de dolor; ambos dolores.
Asustado, de pronto palpitaba y así de súbito disminuía su andar, supongo que debe estar cansado de tanto andar por ahí, sufriendo porque sí.
Ayer dolía; y fue ayer que dolió más que ninguna otra vez.