Fluir de la conciencia.

Nuevamente.
Nuevamente mi cuerpo reaccionó ante la cotidianidad y me empujó a salir de aquella cátedra inútil y vaga en la que solo habían palabras sueltas y sin coherencia alguna. Ahí donde habían jóvenes sin entusiasmo. Ahí donde ya no había qué hacer.
Así tomé mis cosas y salté hacia la puerta como si tuviera que ir por algo... algo... ¡qué, qué! corrí hacia la salida y solo atiné a caminar más y más como si mis pies ya conocieran el recorrido como si mi alma necesitara algo más. Ignorando miradas ajenas extrañas estupefactas accedí a hacer lo que el instinto me impusiera así me mantuve perdida en pensamientos que me remordieron la conciencia así me debilité y así terminé en un paradero que no era el correcto. Caminé sin importar el rumbo sin importar las razones caminé igual que en el pasado. Pero esta vez no había nadie... nadie.
El viento corría igual que hace tres años atrás cuando no tenía esperanza alguna en nada el viento me impulsaba a botar toda aquella amargura aplastada por la conciencia aquel sentimiento aplastante que me tenía el corazón hecho añicos. El viento me llevó hacia más allá tomándome junto a las hojas otoñales y me demostró que no he avanzado nada que sigo ahí en aquella etapa... perdida en ese círculo vicioso en la profundidad de la oscuridad ahí ahí en un abismo interminable que no sé cómo cerrar ahí donde reina el vaivén del caos. Ahí estoy ahora. Ahí estoy siempre.