Frente a cualquier emoción medianamente fuerte; desde un susto, estar muy contenta, conversar con alguien muy histriónico, pensar que alguien se enoja, o no sé cualquiera de esas tonteras, termino angustiándome y por último, deprimiéndome.
Y no puh, me tiene chata esta cuestión porque ¿cómo va a ser que por esas cosas tan pequeñas ande amurrándome por la vida?
No me gusta esto, no me gusta para nada.
Y terminé deprimiéndome también, por la cresta.