Llevo días con bosquejos de entradas. Llevo días tratando de articular un texto que lleva más de tres años dando vueltas en mi cabeza. Han sido largas horas de desesperación ante una página en blanco que se expresa por sí misma.

Las palabras acertadas no existen, solo se asesinan entre ellas.
Y así, mientras intento escribir y descifrar lo que pasa por mi mente, siento que me quiebro poco a poco en las sutilidades de lo inefable.

Una vez más, me presento ante el vacío, este vacío rebosante de agonía.